En Geoflora demostramos que la producción agrícola y la conservación pueden crecer juntas. Así nació el Jardín de la Vida, un espacio de 4.744 m² dedicado a recuperar biodiversidad dentro de nuestro entorno productivo. Hoy alberga 79 especies de flora y más de 2.500 plantas, muchas de ellas nativas de los ecosistemas altoandinos. Este bosque joven se ha convertido en refugio para la fauna y los polinizadores: en solo una semana se registraron 593 interacciones de abejas, mariposas y abejorros, fortaleciendo el equilibrio ecológico de la finca. El jardín también funciona como modulador climático, reduciendo la temperatura del entorno hasta 7.5 °C, y hoy ya se han identificado 19 especies de fauna. Después de cinco años de trabajo, el Jardín de la Vida demuestra que conservar dentro de sistemas productivos no solo es posible… es necesario. Porque cuando ciencia, compromiso y naturaleza se unen, la vida siempre encuentra el camino.

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